
Vivir fuera de tu hogar es duro. Sobre todo cuando es del otro lado del mundo. Después de unos años en el BKW, ya tocaba irse a buscar otro lugar, para ya no vivir en un edificio de estudiantes. Ahora iba a compartir un depa muy lindo con uno de mis amigos de la maestría; con un alemán. Durante los primeros días, cuando ya podíamos habitar el nuevo depa, me tocó estar solo. No fue fácil pues ahora sí me encontraba solo; no había roomies con quien platicar o convivir. Por suerte ya contaba también con otros amigos que seguían en Bonn y pasaron a visitarme. Jugábamos cartas, no echábamos un cigarro con su café, y platicábamos unas horas. Siempre estaré muy agradecido por esos momentos, ya que me mantuvieron a flote por momentos difíciles.