

Durante los meses que estuve de intercambio era común que comiera fuera de casa. La razón era que se perdía mucho tiempo yendo y viniendo al departamento. No estaba lejos, pero había que subir cerro, cocinar y luego regresar a la Universidad; no valía la pena. Es por eso que casi diario me iba a comer a alguna fondita cerca del campus. Ya he hablado de unas cuantas opciones que tenía: el gringo, don amable, la chilaquería y los pollos. Esta que les voy a platicar ahora también era especial, porque nos llevábamos tan bien con la señora que atendía, que hasta le podíamos pedir platillos para ciertos días. Este lugar no recuerdo quién me lo mostró, creo que alguno de mis amigos que vivían por esa zona. Siempre era una excelente opción; bueno, bonito y barato. La verdad dependía de lo que iba a hacer ese día, porque me quedaba camino opuesto a mi casa. Entonces, si sabía que iba a cotorrear con la banda, nos íbamos a comer a Don Baguetton o los pollos (si era miércoles, claro). De lo contrario, era muy probable que fuéramos a don amable o con el gringo (los jueves, después de la clase de Cosmología). Los platillos eran de lo más casero que podías pedir, siempre acompañados de tortillas y agua fresca. Algo interesante, y que se puede ver en la foto, era que la pared estaba rayada con plumones. Eran mensajes de otros estudiantes, por lo general sus nombres. Claro que yo también me animé a escribir el mío en la parte más alta, para que no lo tacharan, aprovechando que estoy alto. Lamentablemente este lugar ya cerró, no conozco las circunstancias, pero ha de haber sido triste para los estudiantes de generaciones más jóvenes.