Un día común y corriente iba caminando de la Universidad al dormitorio de estudiantes acompañado de un buen amigo griego que vivía cerca, como a cinco minutos a pie. En esa época comenzaban las elecciones para no sé qué en la región y noté que en uno de los posters había un político que tenía un nombre aparentemente griego, cosa que le comenté a este tipo y confirmó que efectivamente tenía razón. Un pensamiento absurdo me llegó a la cabeza y le comenté que sería interesante tener ese poster. Al parecer la idea resultó ser contagiosa porque él también estuvo de acuerdo en esto. Pero no hicimos nada en el momento, creo que teníamos miedo de las consecuencias de tal acto. Unos días después nos encontrábamos los dos pisteando con mi roomie, que es alemán, y por ahí de las 2 a.m. le comentamos nuestra fijación de tener uno de esos anuncios políticos. Curiosamente él también compartía esa idea, supongo que el alcohol tenía algo que ver. Entonces salimos armados con unas tijeras y nos dirigimos a la calle a buscar a nuestras víctimas. Esta vez el temor a las repercusiones era menor pues estábamos acompañados de un nacional que, esperábamos, podría resolver cualquier inconveniente con el que nos encontráramos. Media hora después regresamos eufóricos como con unos diez anuncios, más de lo que nos imaginábamos. Para cerrar la noche a este roomie se le ocurrió que sería interesante acomodar los posters en el cuarto de otro amigo del depa y esperar a que regresara al otro día para ver su reacción. A él también se le hizo graciosa toda esta aventura. Al final cada quien se fue contento con una parte del botín a su cuarto o depa. Unos años después, durante la madrugada, regresaba a casa y me encontré con un grupo de alemanes que recién había hecho lo mismo. Parece que esta actividad es una tradición para los alemanes durante las elecciones.

